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DÍA DE LOS PARQUES NACIONALES:Lugar de disputa por la tierra, derechos y recursos

La antropóloga Florencia Trentini analiza las contradicciones y artificios detrás del modelo de
conservación implantado en los parques nacionales, y revela cómo estos espacios posibilitan una
instancia de lucha para los pueblos originarios.
Carolina Vespasiano (Agencia CTyS-UNLaM)- Desde principios del siglo XXI, en distintas partes del
mundo se emprendieron políticas de co-manejo de los parques nacionales. Es decir, que la
conservación empezaría a ser gestionada y pensada, también, desde la óptica de las comunidades
originarias.
El problema surge cuando las comunidades no cuadran con lo que se espera de ellas. Tal es el
caso del Parque Nahuel Huapi, en donde el intento de un co-manejo llegó luego de un siglo de
desalojos y estigmatizaciones sobre los pueblos originarios, hasta casi acabar con la trasmisión de
sus saberes. ¿Cómo recuperar, hoy, su legitimidad?
En diálogo con Agencia CTyS-UNLaM, la antropóloga e investigadora de CONICET Florencia
Trentini reflexiona sobre el rol de los parques como continuadores de la conquista del desierto,
pero también como trincheras para recuperar el derecho al territorio. Un análisis sobre las
relaciones de poder, disputas y contradicciones en torno a ¿lo natural?
¿Cómo se trasladó el co-manejo a los parques argentinos?
En términos generales, las políticas de co-manejo se conforman por comunidades que saben
conservar. El planteo es llevar adelante un diálogo de saberes entre el saber científico y el saber
tradicional de las comunidades. En el caso particular del Parque Nacional Nahuel Huapi, ocurrió
que esta definición no encajaba con esas comunidades, porque muchas fueron desalojadas y no
habían podido ocupar ese territorio, o no revestían los atributos que generalmente se esperan de
una comunidad originaria. Entonces, la discusión pasaba por la autenticidad de esas comunidades,
si eran o no comunidades mapuches. Fue el mismo proceso de despojo territorial, pos-conquista
del desierto, y la misma creación del parque la que generó una política de vaciamiento del
territorio y de fuerte estigmatización a la identidad mapuche, lo que derivó en que la gente no
siguiese traspasando a sus hijos y nietos la lengua, la cultura, ese saber tradicional que reclama el
co-manejo. De ahí que una de las problemáticas es que la definición de la política parte de
desconocer un proceso muy particular que se había vivido en el parque y que, en estos tiempos,
implica un proceso de readscripción étnica por parte de las comunidades.
¿Qué diferencias se encuentran, por ejemplo, con el parque Lanin?
Lanin es paradigmático porque fue el primer caso de co-manejo en Argentina en un parque
nacional donde se dieron un montón de factores que permitieron llevar adelante esta política. Por
empezar, Lanin había reconocido a las comunidades desde su conformación, en 1937. En el 2000
se firmó la resolución oficial del co-manejo, pero las prácticas de diálogo de saberes fueron
anteriores allí: nacieron en los territorios, en las comunidades, del diálogo con los técnicos que
llevaron adelante proyectos que después dieron carne al co-manejo. En huapi se intentó replicar la
experiencia de Lanin en los años 2000, pero recién en ese momento se estaba reconociendo la
primera comunidad mapuche. Recién después de doce años se logró institucionalizar la política de
co-manejo en Huapi.

¿Cómo fue y qué permitió el proceso de recuperación de la identidad étnica para los mapuches?
A mediados de los noventa se empiezan a reconocer los derechos a raíz de cambios a nivel
internacional. Desde entonces, la Constitución Nacional reconoce preexistencias y adhiere a
tratados internacionales, entonces se despliega todo un proceso en el que nos empezamos a
enterar que había indígenas. En este contexto, las poblaciones indígenas empiezan a revalorizar
sus identidades y sus pueblos, salir públicamente a decir que uno era indígena no era lo mismo
que antes. Desde entonces, también, se dio una fuerte avanzada de proyectos extractivos y
turísticos. Entonces, una comunidad que hasta ayer no necesitó decir que era nada porque vivía en
esos territorios sin que nadie la intentara desalojar, empieza a ser desalojada. En esas condiciones,
se tuvo la necesidad de recurrir a la identidad indígena que no se había valorizado hasta el
momento. En una situación de desigualdad fuerte de poder, la identidad indígena se vuelve una
posibilidad de disputa de derechos. Esto permite pensar la identidad en términos de relaciones, de
procesos, de una coyuntura histórica particular y no del pragmatismo, utilitarismo y esencialismo
con el que se las ha criticado desde la mirada occidental.
¿Qué idea de conservación prima en los parques?
Generalmente es más fácil el reconocimiento a la diversidad cultural que a la diversidad en
términos de cómo se entiende la conservación. El paradigma dominante es el científico, entonces,
lo que suele primar es la conservación desde una perspectiva de lo técnico y lo biológico, y fue un
desafío bastante complejo hacer dialogar estas ideas científicas primero con otras ideas, y más
cuando esas otras ideas están puestas en cuestión. En Huapi, ese dialogo se tenía que llevar a cabo
con personas que no cumplían con lo que se esperaba, que no vivían en los territorios, que no se
vestían como se esperaba. Ahí la idea de conservación fue totalmente secundaria en relación con
la idea de derecho al territorio. Porque si vos no tenés acceso a ese territorio, no te reconocen, no
lo podés vivir, ocupar, es difícil pensar en conservar. Entonces, muchas veces se les recrimina no
saber conservar, pero esa conservación va a ser entendida solo en términos de lo que los técnicos
del parque entienden como tal.
Esto devela, en parte, el carácter impostado de la conservación…
Después de la conquista del desierto, esa región se convierte en zona de frontera que entra en
disputa, por eso había mucho interés de poder poblar y fortalecer lo argentino. Para lograrlo, se
empezaron a llevar adelante distintas estrategias. Una de las primeras fue la creación de una
colonia agrícola y pastoril en 1902, que generó una sobreexplotación fuerte de algunos suelos.
Cuando se decide crear el parque nacional en 1934, ya se empezaba a notar que había que
compensar lo que se le había hecho al ambiente. En paralelo a eso, se empiezan a introducir
especies animales y flora que tratan de emular una Suiza argentina. Se introduce el ciervo que
terminó casi exterminando al huemul por competir por el mismo hábitat y se introduce el pino que
es una especie absolutamente invasiva para las especies de la zona. Y eso fue la construcción de la
naturaleza en los términos en que en ese momento se quería construir.
¿Cómo se dio la idea de naturaleza tal como se entiende hoy?
Generalmente, cuando se habla de parques nacionales se habla de naturaleza intocada, naturaleza
prístina, de naturaleza así como la vemos, y está comprobado primero que hubo un hacer del
poder en esos territorios de la naturaleza que se quería construir desde el sector hegemónico,
pero, por otro lado, que esa naturaleza ya había sido modificada por los propios pobladores de
esos parques. Es decir, que la política de parques nacionales implicó la negación de ese habitar

previo y la negación de las modificaciones posteriores también. Entonces, se construyó una idea
de una naturaleza intocada cuando en realidad es una naturaleza sumamente construida y
permeada por relaciones de poder muy fuertes desde la década del 30.
¿Por qué suele quedar soslayada esta parte de la historia?
La política y el poder de los parques es difícil de ver porque tiene connotaciones sumamente
naturales. Naturalmente se conserva, naturalmente se está protegiendo el territorio para las
nuevas generaciones. Entonces, es una práctica que es buena para todos. Primero, hay que
entender que la administración de parques estuvo históricamente vinculada a los poderes y
gobiernos de cada momento. Si bien hay un plan de manejo que se sostiene más allá de cada
gestión, la dirección del parque se vincula con el poder ejecutivo. Después, hay una cuestión de
pensar que se trata solo de conservar lo natural, y en realidad lo importante es ver las prácticas
políticas que se juegan y jugaron siempre: la creación de los parques estuvo muy vinculada con
ganar territorio que se le estaba disputando a los indígenas. El desafío es poder pensar a la
conservación como relaciones de poder. Es un lugar sumamente político, porque son lugares
donde se están disputando territorio y derechos sobre recursos.
Sin embargo, hoy representan un espacio estratégico para el reconocimiento de derechos a los
pueblos originarios…
Me parece importante poder desarmar la institución de parques nacionales, porque está
conformada por sujetos que tienen distintas concepciones políticas, experiencias e historias. La
política nació no solo por la presión de los pueblos, sino porque había personas al interior del
parque que también bregaban porque se realice, con todas las contradicciones que eso genera. En
los parques están las condiciones de posibilidad para disputar territorio, por eso hay que procurar
y cuidar a la gente que dentro de esa estructura conservadora, hegemónica y demás está dando
una disputa. La política de co-manejo es una política sumamente fundamental para pensar
inclusión social, nuevas formas de diálogo, de conocimientos sumamente heterogéneos; el
problema es que hay que tratar de construir esa política desde el hacer, desde la práctica y no
desde la definición que vino de afuera.

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