Día del Padre: perdieron a sus hijos, pero se convirtieron en papás de muchos más

Un arquitecto, un comerciante, un economista, dos médicos y un recolector de residuos cuentan cómo transformaron el dolor de una misión solidaria que los volvió a llenar de vida.A Jorge le perturbaba que cada vez que los medios hablaban del crimen de su hijo publicaran esa foto, una pared despintada, un charco de sangre y algo de basura sobre el pedazo de asfalto donde cayó muerto Eugenio. Y se propuso entonces cambiar esa dolorosa imagen por otra que simbolizara la esencia de lo que había comenzado a hacer con “Misión Eugenio”. Sus alumnos ya pintaron toda la ochava, y Jorge ahora sonríe satisfecho: “La imagen transmite arte, amor, vida”.

Rosario, 16 de Junio de 2017
Eugenio Guadagnoli , papa de un joven asesinado de una puñalada en el 2013 a la salida de un boliche centrico , hoy tiene una fundacion llamada MisionEugenio.-
Foto: JUAN JOSE GARCIA
El crimen de Eugenio Guadagnoli fue uno de los 264 que ocurrieron en Rosario en 2013. Tenía 19 años cuando le clavaron una puñalada en el pecho a la salida de un boliche. Jorge, su papá, es un arquitecto que transformó el peor dolor en un proyecto solidario para enseñar oficios a jóvenes con pocas oportunidades en el mercado laboral. Una mañana en medio de una pesadilla, Jorge se levantó con ganas de escribirle una carta a Eugenio. Le declaró todo su amor en unos párrafos y le prometió que iba a poner una fundación con su nombre. Meses más tarde, “Misión Eugenio” era una realidad, con convenios con la Universidad Nacional de Rosario y el ministerio de Trabajo de Santa Fe. Enseñan albañilería y a cuidar niños. Jorge ya entregó cientos de diplomas en estos tres años. “Si te alojas en el odio, te quebrás y no podés hacer nada. El amor que le tenía a mi hijo ahora lo tengo con mis alumnos. Encontré en cada alumno a un Eugenio. Esta misión me hizo mejor persona”.“La muerte de un hijo es considerada la crisis más severa por la que un ser humano puede atravesar. Es una verdadera conmoción existencial que sacude de raíz nuestras creencias más profundas, aquello en lo que basábamos nuestra vida misma. Esta muerte no tiene nombre, es un verdadero enigma para el que nuestra civilización no ha encontrado una palabra. Estamos transitando un territorio inexplorado de nuestra vida y nuestro ser. Debemos atrevernos más allá de lo conocido para encontrar el sentido que yace latente en la tragedia esperando ser descubierto. Un sentido tan valioso como ese mismo hijo”. El neurocirujano Gustavo Berti encontró el sentido. Seis meses después de que Nicolás, de 18 años, muriera en un accidente de moto, formó “Renacer”, un grupo de ayuda mutua de padres a los que se les han muerto hijos. Fue en diciembre de 1988 en Río Cuarto, Córdoba.Pasaron casi 30 años y más de diez mil padres por los 70 grupos que se han ido formando en el país. Muchos de ellos se han volcado a ayudar a hijos de otros como una manera de honrar a los propios.

Cristian Vaello es barrendero. Se levanta a las cuatro de la mañana. También es entrenador de fútbol y está estudiando para ser director técnico. Tiene días negros, otros mejores, siempre duerme poco y se ocupa mucho. No hay forma de olvidar a Josuá, asesinado de un tiro dos años atrás, cuando tenía 21. Abrir un merendero en su nombre fue un aliciente para su dolor.“Le puse Toty, es un homenaje a él”. Lo abrió en su club de Villa Fiorito, y allí va cada tarde, de cinco a siete, a darle la chocolatada, sandwiches y unas tortas fritas a setenta nenes que después no cenan. “Cuando me pasó esto lo único que pude hacer fue cobijarme en Renacer y aprendí a hacer cosas por el otro, y por tantos nenes. Les damos zapatillas, los contenemos, eso me hace bien”.Daniel Cortina hizo un recorrido similar. Al mes de morir Maxi -35 años, cáncer fulminante-, se acercó a Renacer. Era febrero de 2014. “Me hizo bien. Es un diálogo de pares. Es un tema muy difícil de comprender para quien no haya tenido la vivencia. Y aprendí a honrar a mi hijo a través de acciones de amor. Cuando vivís una situación de estas tenés que asumir que no se puede cambiar. El planteo entonces es ¿cómo sigo? ¿cómo quisiera verme mi hijo hoy? Y la respuesta fue: voy a estar activo, voy a honrarlo, y una buena manera es hacer cosas por los demás”.Ya habían sido parte de “Familias de Hogares de Belén”, cuidando niños que están en proceso de ser adoptados. Empezaron a hacerlo cuando Maxi tenía 13 años, le encantaba. Después pararon un tiempo y volvieron a cobijar bebés en 2012, cuando Maxi ya estaba enfermo. Tras su muerte Daniel quiso más, y se convirtió en el Papá Noel que lleva regalos a los chiquitos internados en hospitales del sur del conurbano: el Narciso López de Lanús, el Meléndez de Adrogué, el Gandulfo de Lomas de Zamora, el Oñativia de Rafael Calzada. Allí también va con los Reyes Magos, y el Día del Niño. “Si hacés algo por los chicos es mucho más lo que recibís que lo que das. Uno deja de ser el de antes, tenés otra escala de valores, y el acto de amor está arriba de todo”.Gastón Tuculet (56) es el papá de Juan Pedro, asesinado de un disparo en la cabeza en marzo de 2013, cuando tenía 19 años. Los dos jugaban al rugby en Los Tilos de La Plata. Gastón ahora enseña en dos institutos de menores con causas penales. Los lunes va al Aráoz Alfaro y los viernes al Villa Nueva Esperanza. “La idea es que a través del deporte tengan otros valores y puedan cambiar su conducta, así cuando salen tienen la posibilidad de tener una vida mejor”, dice Gastón, y cuentan que también llevan a chicos que están en institutos sin causas penales a varios clubes: “Creo que cada uno desde el lugar en el que está puede hacer cosas para que haya cambios, para que todos estemos mejor”.Beltrán Bombau estaba participando en una competencia en el Club de Amigos cuando cayó en medio de la carrera. Era el 23 de abril de 2014, y Beltrán, de 14 años, estaba en segundo año del colegio Palermo Chico. Después se supo que tenía una cardiopatía hipertrófica congénita, pero Jorge, su papá, médico, asegura que su hijo no hubiera muerto si hubieran usado el desfibrilador. De hecho la médica a cargo de la guardia del club luego fue procesada por homicidio culposo por “haber quebrantado el deber de cuidado que le correspondía”.

Desde entonces Jorge no quiere que ninguna persona, y sobre todo ningún niño, muera más si puede evitarse. Y se plenteó concientizar a todo el mundo sobre la necesidad de que haya desfibriladores en los lugares públicos, que todos sepan usarlo y también cómo hacer masajes de reanimación (RCP). A 70 metros de donde cayó Beltrán había un DEA (Desfibrilador Externo Automático) “¿Por qué no lo usaron para salvar a mi hijo? Si se usa el DEA la persona tiene casi el 100 por ciento de posibilidades de sobrevivir”. Jorge habla de leyes, repite estadísticas, dice que su estrella es Beltrán, y que esta causa que hoy batalla lo llena “por hechos concretos de seguidores que me han dicho que aprendieron RCP y pudieron salvar una vida”.

Colaboró: Andrés Actis, desde Rosario.Clarìn

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