Inicio / PROVINCIALES / Venezolano llegó a Ramírez y sueña con trabajar para traer a su familia

Venezolano llegó a Ramírez y sueña con trabajar para traer a su familia

Jaison Hernández es coach internacional. Dejó su tierra por la inestabilidad social. Su esposa y sus hijos aún permanecen en su país.

Días felices. Jaison estuvo junto a su familia hasta hace un mes y medio.
Gentileza. Jaison Hernández
Jaison Hernández tiene 35 años. Nació y vivió hasta hace un mes y medio en Maracaibo, la capital del Estado de Zulia, en la parte noroeste de Venezuela, donde trabajaba exitosamente como coach internacional, brindando conferencias, capacitaciones a empresas y realizando otras tareas afines.
Abrumado por la inestabilidad social, política y económica de su país decidió buscar nuevos horizontes. Sin demasiadas posibilidades de ahorrar, debido a la pérdida de poder adquisitivo que sufre el grueso de la gente que reside en Venezuela, logró reunir el monto de su pasaje y a través de un contacto con una persona de Crespo, recaló en Entre Ríos.
“Me fui porque no se puede vivir más en Venezuela. Allá el sueldo mínimo es de 3 dólares mensuales y aunque yo pudiese vivir un poco mejor que el resto por mi trabajo, no es mucho más lo que podía ganar. Vivimos bastante mal durante muchos días, cuando no tenía ningún tipo de trabajo porque la economía del país se paralizaba totalmente y eso genera que todo se vuelva cuesta arriba”, contó a UNO, en referencia a su decisión de emigrar y empezar de cero en otro país, a más de 7.000 kilómetros de su hogar.
En un principio estuvo en la casa de un pariente suyo, en la provincia de Buenos Aires, y hace dos semanas, gracias a la generosidad de una familia de General Ramírez que se ofreció a alojarlo, se instaló en esa localidad, situada a unos 64 kilómetros de Paraná, con la idea de buscar un empleo que le permita generar el dinero para poder traer a su esposa y a sus dos hijos, de 3 y 5 años, que quedaron en Maracaibo.
Poder obtener el pasaporte es un trámite que le insume una importante suma, con la que no cuenta actualmente. Al respecto, explicó: “Gestioné los pasaportes en 2016, pero como en Venezuela hay un tema político bastante fuerte, vivimos prácticamente presos, no me los han entregado. En enero volví a pedir mi pasaporte y los de mis hijos. Está todo bien, pero al de ellos no logro que me los entreguen. Para poder conseguirlo, debemos recurrir a lo que llamamos los caminos verdes, que es el camino de la corrupción. No estoy a favor de eso, no quiero hacerlo, pero no tengo opción para poder salvar a mi familia”. Para que le agilicen esta “gestión”, contó que le solicitan 1.000 dólares por cada documento: “Tengo que pagar en dólares a la gente que gerencia esa parte para poder tener los pasaportes de mis hijos, lo cual se me hace bastante difícil en este momento, en que no consigo trabajo aún porque nadie me conoce acá”, confió.
Sobre su experiencia profesional, expresó: “Soy coach y trabajo para las empresas ayudando en la formación de los vendedores, a tender mejores relaciones laborales, me he dedicado a la parte de recursos humanos en distintas compañías, y tengo experiencia en motivación empresarial y del personal. También trabajo con los emprendedores en la formación de sus emprendimientos, entre otras cuestiones”.
Jaison quiere hacerse conocido y desarrollar su carrera tal como lo hacía en su tierra, a través de un empleo en su campo profesional que le permita abrirse camino en la Argentina: “Anhelo conseguir un empleo en alguna firma, donde yo pueda trabajar de lo que realmente sé y en lo que tengo experiencia. He conferenciado para 3.000 personas y trabajado para distintas firmas”, señaló con optimismo.
Mientras aguarda su oportunidad, tiende las redes a través de su Fanpage –se lo puede contactar a través de este medio para contratarlo–, brinda cursos, talleres y capacitaciones en la zona. “Los doy en la Casita Coworking, en Crespo, situada en Doctor Minguillón 1895”, comentó, e invitó a participar de los distintos workshop que realiza.
Proyectos
Cuando puede, Jaison se contacta con los suyos, aunque no siempre es sencillo: “Puedo comunicarme con mi familia mientras el gobierno lo permite, porque no hay casi Wi-Fi ni electricidad, y es complicado. A veces se pasa hasta 20 horas sin luz en Venezuela”, refirió.
Su esposa es enfermera especialista en diálisis y también tiene fe de que consiga un empleo en el país. Sobre el procedimiento para poder instalarse, señaló: “No tenemos ninguna acogida del gobierno argentino. Sin embargo tenemos una visa de turista por tres meses”. En este marco, indicó que una vez cumplido este plazo, los ciudadanos venezolanos pueden obtener una residencia precaria: “Luego de eso hacemos nuestros papeles migratorios inmediatamente, a través del DNI exprés o tomando una cita previa para presentar nuestros antecedentes penales. Con la residencia precaria podemos obtener el CUIL en la Anses, con lo cual se puede devengar cualquier sueldo en blanco sin ningún tipo de problema”, dijo.
De la arepa al mate
Desde hacía tiempo Jaison y su familia pensaban en irse de su país: “Sabíamos que teníamos que emigrar de Venezuela porque allá no existe el futuro, es incierto y vivimos el día a día. Pasamos un año decidiendo el país a donde íbamos a ir y elegimos la Argentina”, dijo a UNO.
Si bien contó que su idea es mudarse a Crespo, la casualidad lo llevó, al menos por ahora, a General Ramírez. “Simplemente ha sido una bendición llegar a la casa de esta familia en Ramírez que me recibió y me abrió las puertas. Estoy viviendo bajo la caridad de ellos, que es magnífica; son unos hospedadores extraordinarios, con un gran corazón y mucha simpatía y empatía, porque han tratado de colocarse en mis zapatos, de observar desde mi órbita lo que vivimos en Venezuela”, manifestó.
A su vez, afirmó que tuvo que adaptarse a la cultura argentina. “Cuando recién llegué al país estuve en la casa de un familiar que vino antes, y pude comer los platos de allá y mantener las costumbres. Pero en Ramírez empecé a sentir el cambio de cultura; se come y se toman cosas distintas, como el mate. Yo nunca antes había dormido la siesta. Todo tiene un protocolo que yo no había vivido antes y es muy importante aprender estas cosas. Ha sido muy beneficioso para mí”, contó, y admitió extrañar las típicas arepas, un pan de maíz de forma circular que se rellena con carne, pescado, queso u otros ingredientes –según las regiones– y que son infaltables en la mesa de los venezolanos.
En su tierra desayunan fuerte y expresó entre risas: “El otro día comí pizza en la mañana y todos se sorprendieron; o a veces opto por un sandwich de jamón y mortadela, pero extraño las arepas”. Por otra parte, comentó: “No solamente estoy aprendiendo lo que son los platos argentinos, sino también los de los ruso-alemanes, que tienen su comidas, todavía no probé el pirok pero sí el strudel. Esta es para mí una experiencia cultural increíble”, destacó, y por último agregó, esperanzado: “Si me pudiese quedar en Crespo o en Ramírez, o en estas cercanías, para mí seria genial, por toda su diversidad cultural. Es lo que más me emociona”.

Compruebe también

El encuentro del peón rural y la maestra afectados por agroquímicos

“Nosotros no somos ambientalistas, somos afectados por un sistema de producción que le importa más …

Enersa presentó el Programa de Prevención de Adicciones en el Ámbito Laboral

Enersa presentó el Programa de Prevención de Adicciones en el ámbito laboral La Distribuidora Estatal …

Dejanos tu comentario